domingo, 21 de febrero de 2010

La Palabra de Dios del Lunes 22 de febrero del 2010

Tiempo de Cuaresma
22 de Febrero de 2010
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Liturgia de las Horas: 1ra. Semana del Salterio
Color: Blanco
Santoral

Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: I Pedro 5,1-4
    "Presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo"
    Queridos hermanos: A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
  • Salmo Responsorial: 22
    "El Señor es mi pastor, nada me falta."
    El Señor es mi pastor,
    nada me falta:
    en verdes praderas me hace recostar;
    me conduce hacia fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas;
    me guía por el sendero justo,
    por el honor de su nombre. R.
    Aunque camine por cañadas oscuras,
    nada temo, porque tú vas conmigo:
    tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
    Preparas una mesa ante mí,
    enfrente de mis enemigos;
    me unges la cabeza con perfume,
    y mi copa rebosa. R.
    Tu bondad y tu misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida,
    y habitaré en la casa del Señor
    por años sin término. R.
  • Evangelio: Mateo 16,13-19
    "Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos"
    En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le respondió: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo."
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Comentario: Porque tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo

22-02-2010 1Pe 5,1-4; Sal 22; Mt 16.13-19
En medio de la Cuaresma la liturgia se fija en Pedro. Es el Señor nuestro pastor, pero también Pedro y los apóstoles son nuestros pastores, pues tienen un rebaño a su cargo. Así es la Iglesia. No una montonera de personas que hablan de Cristo, sino una comunidad que vive con él y de él. Una comunidad de palabra y de celebración. Una comunidad que está fundada sobre roca, y esa roca es Cristo. Pero una comunidad que responde a la pregunta de Jesús a sus discípulos: ¿Quién decís que soy yo? Pues esa pregunta es esencial. No nos podemos confundir. No nos imaginamos lo que para nosotros es nuestro Jesús. No es un lejano personaje, de cierto que fantástico, del que nos quedan algunos rastros y que nosotros construimos a nuestra conveniencia. Pero cuya realidad real se la damos nosotros. Jesús sería así lo que es para nosotros. Su ser sería relativo a nosotros. La suya, así, sería una verdad relativa a nosotros, a nuestra afirmación. Al final, un personaje que nosotros nos inventamos a nuestro albur.
¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Diversidad de opiniones, construidas según el beneplácito de cada uno. Pero Jesús no se queda ahí. Busca una confesión: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? No podemos decir cualquier cosa. Los discípulos no pueden afirmar lo que en ese momento les venga en gana, lo que entonces les mole. Han sido llamados. Han oído su voz. Le han seguido. Le han visto hablando de lo que va a sufrir. Le han seguido, aunque comprendiendo a penas nada de quién es en verdad ese Jesús al que ellos siguen.
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro, una vez más, se hace portavoz de todos. Su respuesta es impetuosa, grande, desaforada. Quizá no más que una ilusión desquiciada. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. ¿Sabía lo que decía? El arrebatado Pedro se sale de madre y adivina quién es Jesús. La suya no es una mirada ideológica, como la de los demonios, sino carnal. Sabe cuál es la carne de Jesús. Carne de Dios. Claro, todos lo somos, carne a su imagen y semejanza. Pero Pedro ha visto más. Se atreve a más. Mucho más. Ha visto lejos. El punto de llegada. Ve cómo en él se da cumplimiento el Antiguo Testamento. Adivina que en él, por él y con él todo lo tenemos ofrecido de parte de Dios. No sabe todavía de la cruz. Pero ha comprendido lo que es ponerse de parte de Dios. Porque Jesús, al que él sigue con tanto empeño, nos muestra a Dios, nos lleva a Dios. Dios que, ahora, es Padre Nuestro.
Misterio de Dios. Porque esas cosas no te las ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. La afirmación de Pedro, en nombre de comunión con todos los discípulos, es cosa de Dios en su carne, en su palabra, en su seguimiento, en su ministerio. No invento de persona genial. Revelación de Dios Padre. Por eso, él será, mejor, es piedra en quien Cristo edificará su Iglesia. Primero la Iglesia, signo de sacramento de salvación universal. Luego, también, la Iglesia, comunidad de los creyentes. Y Jesús le asegura a Pedro, y a nosotros con él: Y el poder del infierno no la derrotará.
Sacramentalidad de la carne, de nuestra carne creyente. Tal es la Iglesia.

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